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AGRESIVIDAD EN NIÑOS Y ADOLESCENTES E INTELIGENCIA EMOCIONAL

05/12/2017· NOVEDADES

La violencia en niños y adolescentes puede incluir una amplia gama de comportamientos como pueden ser: ataques de ira, golpes, insultos, amenazas, peleas frecuentes, vandalismo, o consumo de sustancias. La gravedad de este comportamiento recae en toda la sociedad y especialmente en las partes implicadas, generando mucho sufrimiento. Existen ciertas señales de alarma como pueden ser impulsividad, baja tolerancia a la frustración, irritabilidad, pataletas frecuentes y violencia física. Los niños y adolescentes que presentan estas conductas suelen sufrir malestares como ansiedad, depresión, dificultades de aprendizaje, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, o abuso de sustancias; además pueden estar siendo víctimas de acoso escolar o abuso físico y/o sexual; o tal vez se esté pasando por momentos difíciles en casa, como pueden ser separaciones o duelos.

La inteligencia emocional es entendida como la habilidad para percibir, usar, comprender y regular nuestras emociones y las de los demás, además se relaciona con la disminución de la conducta agresiva. La capacidad de percibir las emociones de los demás y de uno mismo puede ayudar a los niños y adolescentes a interpretar la situación de modo más calmado. Asimismo, una mayor capacidad de regular sus emociones les puede ayudar con el control de impulsos, lo que evita responder con agresividad aunque la situación no le resulte agradable.

La habilidad de control del impulso es determinante a la hora de dar respuestas a las demandas del día a día, permite una conducta más flexible, ya que se pueden buscar en el momento conductas alternativas que resulten más positivas para todas las partes. Uno puede decidir lo que mejor le resulta en cada momento, lo cual redunda en una mejora de la calidad de vida, se elige el bienestar en la medida de lo posible. Por contra, un déficit en esta habilidad impulsa hacia la agresividad o consumo de sustancias.

En nuestro gabinete podemos ayudarte a regular, encauzar, mitigar ese comportamiento agresivo de tu hijo, con el trabajo en equipo de la familia. Practicar la inteligencia emocional en el seno del hogar es sinónimo de salud, de relaciones respetuosas y de bienestar para toda la familia, y por ende, extensivo a toda la sociedad.

“Sabio es, quien sabe controlarse. Conoce tus debilidades, para aprender a dominarlas”. Sócrates.

 
MARIA PILAR FUENTE

PSICÓLOGA

Gabinete de psicología María Pilar Fuente

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