La menopausia es una etapa en la vida de las mujeres en la que los cambios físicos, psicológicos y sociales pueden interactuar y afectar a la salud y calidad de vida. Los cambios del estado de ánimo, la ansiedad, las alteraciones del sueño y las dificultades cognitivas pueden aparecer durante esta transición. Ante estas necesidades, resulta fundamental el acceso a una atención integral, personalizada y basada en la evidencia, especialmente durante la mediana edad y la menopausia. Las intervenciones psicológicas pueden desempeñar un papel relevante tanto ante estos síntomas como en la promoción de hábitos saludables.
Una etapa de especial relevancia para la salud mental.- Habitualmente la mediana edad entre los 40 y los 65 años e incluye dentro de este periodo la transición menopáusica. La perimenopausia suele comenzar entre los 40 y 50 años. La postmenopausia comienza 12 meses después del último periodo menstrual y continúa durante el resto de la vida.
Durante los últimos años reproductivos y el inicio de la perimenopausia pueden aparecer cambios en el estado de ánimo, el sueño y la cognición. A ellos pueden sumarse síntomas vasomotores, como sofocos y sudores nocturnos, además de cambios genitourinarios y relacionados con la salud sexual. Algunas mujeres experimentan síntomas que afectan significativamente a su salud y calidad de vida. Otras presentan pocos síntomas o experimentan alivio tras finalizar la menstruación.
En relación con la salud mental, son síntomas frecuentes los cambios del estado de ánimo, la irritabilidad, la depresión y la ansiedad. Esta última puede manifestarse mediante preocupación, tensión, dificultades para relajarse e irritabilidad. Diferentes factores pueden influir en estos síntomas. Entre ellos figuran los problemas de sueño, los cambios hormonales, el apoyo social, las responsabilidades de cuidado y las dificultades económicas. También incluye los cambios laborales y de pareja y la presencia de acontecimientos vitales estresantes. Es importante realizar una evaluación personalizada y amplia, considerando conjuntamente los factores biológicos, psicológicos y socioculturales. Además, determinados cambios durante la menopausia pueden agravar problemas de salud mental preexistentes, como pueden ser los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y el trastorno de estrés postraumático.
Entre los factores de riesgo para la salud psicológica, están el estrés crónico, los acontecimientos vitales estresantes y los antecedentes de trauma. También las dificultades socioeconómicas, el escaso apoyo social y los antecedentes de problemas de salud mental. Además, la menopausia temprana, quirúrgica o muy sintomática y determinadas conductas de salud. Como factores protectores están la gestión del estrés, la autoestima, el apoyo social percibido y una actitud positiva hacia el envejecimiento. También menciona la actividad física, el sueño y la nutrición.
El papel de las intervenciones psicológicas es muy recomendable, pueden proporcionar educación, apoyo, comprensión y estrategias prácticas ante diversas dificultades asociadas con esta etapa. Existen distintas opciones basadas en la evidencia disponible, entre ellas se encuentran la terapia cognitivo-conductual (TCC), la activación conductual, la psicoterapia interpersonal, las intervenciones basadas en mindfulness y los tratamientos centrados en el trauma.
El papel de la intervención psicológica no se limita a la depresión o la ansiedad. Estas intervenciones reducen las molestias y la interferencia asociadas con los síntomas, aunque generalmente no disminuyen su frecuencia. Se han observado mejoras en síntomas depresivos, insomnio y problemas relacionados con la sexualidad, además de los síntomas vasomotores como son los sofocos, el insomnio o alteraciones crónicas del sueño.
Una atención integrada, personalizada y accesible.- Es recomendable integrar la atención médica y de salud mental mediante la colaboración entre profesionales de atención primaria, especialidades médicas y salud mental. Es muy importante una atención informada por el trauma. Según los datos, se estima que el 40% de las mujeres ha experimentado algún trauma interpersonal a lo largo de su vida. Estos antecedentes pueden relacionarse durante la mediana edad con estrés postraumático, depresión, ansiedad, dolor crónico, cambios en la salud sexual y una mayor carga de síntomas menopáusicos.
La menopausia no debe considerarse una condición patológica, sino un acontecimiento natural de la vida. No obstante, puede acompañarse de importantes dificultades físicas y psicológicas. Por ello es importante solicitar una atención temprana, integral y personalizada que contemple conjuntamente la salud física y mental de las mujeres.
Fuente: Infocop
PSICOLOGA SANITARIA G4034
ESPECIALISTA EN TRAUMA. TERAPEUTA CLINICO Y MASTER EMDR