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VIOLENCIA DE GÉNERO EN HERMANOS

17/07/2021 · FAMILIA

Asociamos directamente el término violencia de género al entorno de pareja, incluso con cuestiones tan graves como la muerte, pero antes de llegar a este final trágico, ha habido todo un recorrido, que muchas veces comienza en los primeros tiempos de vida. Por desgracia, siguen llegando continuas noticias desde los medios de comunicación, y una de las últimas es la violencia de género de un hermano.

Es muy importante poder ver, y atender, que la violencia se da muchas veces en entornos donde se tendría que dar seguridad. Es verdad que se espera también del compañero de vida, pero tal vez sea más aceptable ver que una se pudo equivocar en la elección, que era desconocido finalmente, que tenía una historia diferente de vida donde siempre hubo violencia. Pero cuando la violencia viene de la propia familia, puede ser más difícil de asumir, no está tan reconocido socialmente, son conductas que quedan muchas veces en los entornos donde se dan y que cuestan creer al entorno. No puede ser que la familia, las personas que en teoría te quieren, forman parte de tu vida, de tu sangre, sean dañinos, tóxicos, violentos física y emocionalmente.

La violencia dentro del entorno familiar, como el caso de los hermanos, viene gestándose desde los primeros tiempos de vida, normalmente en el seno de dificultades en la pareja de progenitores, quienes a la vez no han podido satisfacer las necesidades emocionales de sus hijos, no han sabido poner límites, ha habido dificultades de diversos ámbitos, como pudiera ser económicos, sociales, de enfermedad, enfermedades mentales, etc. Se hace lo que se puede, no se trata de buscar culpables, pero se van tejiendo entornos donde prima la supervivencia, a veces como en el caso de la violencia de género, a través de los abusos, el maltrato, la denigración, a través de diversas técnicas como la intimidación, presión, coacción, luz de gas, etc. Para poder sobrevivir en estos entornos ha sido necesario crear diversas defensas como la negación, minimización, inversión de roles, distanciamiento, complacencia, o evitación entre otras; pero llegada la adultez todas estas defensas se vuelven en contra, impiden cuidarse de los abusos, de adultas  sí se puede tomar medidas, lo que no sucedía de niñas, pero las limitaciones están puestas.

Es necesario realizar un buen trabajo terapéutico que permita utilizar recursos positivos y facultar a la mujer para que maneje todas sus habilidades, ahí se empieza a desmontar la falsa realidad en la que estaba instalada donde no podía dar crédito a lo que estaba sucediendo, muchas veces culpándose a sí mismas de que algo estaba haciendo mal, lo cual a la vez da espacio a los abusadores para sus conductas patógenas. Se crece como persona y se pasa de ser una alguien que se siente indefensa, a ser una mujer que se escucha, se atiende, se valida, y por lo tanto maneja sus propios recursos a la vez que va construyendo una buena red de apoyo, también a nivel profesional.  Es necesario tomar medidas claras, contundentes y efectivas.

En el caso de los perpetradores, siendo el caso de hermanos como en esta última noticia de violencia de género, son personas criadas en el mismo ambiente, donde se suelen dar diferentes roles y prerrogativas si se nace hombre o mujer, dentro de una visión androcentrista que facilita la posición de poder de los varones poniendo cargas y restricciones a las mujeres, lo cual va configurando las posiciones que van a mostrar en su vida adulta, que los hombres dominan y mandan, y las mujeres simplemente acatan y sufren en silencio, complacen. Suelen presentar muchas limitaciones en su papel masculino, no saben relacionarse de forma adecuada con el sexo femenino, tienen importante incapacidad para relacionarse íntimamente, presentan pensamiento muy rígido, todo tiene que ser a su manera. Todo ello derivado del miedo que traen desde niños, no saben valorarse, relacionarse, se ven impotentes, eso les lleva a buscar una posición de poder, donde predomina el egocentrismo, la violencia, la dominación machista.

Cuando la mujer empieza a ver la realidad en que está inmersa, donde ha sido traicionada, humillada y abandonada tantas veces, y finalmente empiezan a tomar medidas para salir de este rol impuesto desde la infancia, y también tomando distancia tanto física como emocional con el fin de cuidarse y protegerse, frecuentemente es rechazada, culpada, rechazada; es que ya no está permitiendo comportamientos abusivos y esto es difícil de asumir para personas egocéntricas que piensan que todo y todos giran a su alrededor. Con frecuencia suele haber cómplices en el entorno que favorecen la repetición de estas conductas, unas veces de forma inconsciente debido a la educación recibida en la sociedad machista donde vivimos, y otras por simple interés y tomando parte desde la posición que puede resultar más cómoda, incluso puede suceder que los hijos, también víctimas, están alienados a favor de la familia, hasta aquí llega la disfunción en estas relaciones patógenas.

Estos varones suelen estar muy afectados emocionalmente, sino tienen enfermedades psiquiátricas o problemas de alcohol y drogas, caso aparte es la psicopatía. Por tanto también son pacientes que podrían quitar mucho provecho de la psicoterapia y acceder a relaciones más saludables tanto en la familia, pareja, o cualquier otro ámbito, espacio al que nunca han podido acceder debido a las propias restricciones sufridas en la infancia, pueden ser persona más flexibles, que pueden expresar sus emociones de forma regulada, ganar confianza en sí mismos y las demás personas sin miedo, con lo que no tendrá que recurrir al abuso. Pueden empezar a valorarse y dejar que los demás se acerquen en relaciones saludables y de respeto mutuo, con afectividad y cercanía, lo que nunca han conocido y sí es posible.

La buena noticia es que se puede mejorar y pasar de ser una mujer abusada a una mujer empoderada y pasar de ser un hombre abusador a ser un hombre maduro y cercano.

 

Mª PILAR FUENTE

PSICÓLOGA COLEGIADA. TERAPEUTA FAMILIAR. CLÍNICO EMDR

ESPECIALISTA EN TRAUMA Y APEGO.  TERAPIA PRESENCIAL Y ONLINE. 

REGISTRO SANITARIO C-15-003566  y C-15-003650

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