En los últimos años, se ha registrado a nivel mundial y, concretamente, en España, un incremento de casos de trastornos de la alimentación, una tendencia que, según advierten los expertos, se ha acelerado vertiginosamente, especialmente, desde el inicio de la pandemia de la COVID-19, convirtiéndose, cada vez, más en un problema de salud pública en todo el mundo, sobre todo, entre los/as niños/as y adolescentes.
Este tipo de trastornos se caracteriza por presentar una alteración patológica de las actitudes y comportamientos relacionados con la comida (tales como una fuerte preocupación por la alimentación, el peso y la imagen corporal, entre otros), destacando, principalmente, la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón, que comprenden conductas alimentarias dañinas como la restricción de calorías o los atracones compulsivos con o sin purgas.
Aunque son menos frecuentes y han sido poco estudiados, hay dos trastornos relacionados con la alimentación que también es necesario poner de relieve: la pica (caracterizada por un deseo persistente de consumir sustancias no naturales y no nutritivas, como yeso, pintura, pelo, almidón o tierra), y la rumiación (regurgitación voluntaria en ausencia de malestar gastrointestinal de alimentos desde el estómago hasta la boca, donde se mastican y se prueban por segunda vez o se expulsan). Ambos suelen diagnosticarse generalmente en la infancia o la niñez temprana.
Cabe destacar otra categoría diagnóstica relativamente nueva, conductas alimentarias evitativas y restrictivas impulsadas por una aparente falta de interés en comer o los alimentos, evitación debido a las propiedades sensoriales de los alimentos y/o temores a que comer tenga consecuencias aversivas como asfixia o vómitos. Este trastorno puede surgir y/o persistir a lo largo de las etapas de la vida, aunque es más frecuente en niños pequeños, lo que contrasta con otros trastornos alimentarios que se desarrollan más tarde, en la adolescencia. Las personas que lo presentan pueden experimentar dolor abdominal, reflujo, náuseas, diarrea o estreñimiento, así como consecuencias médicas importantes que incluyen pérdida de peso, baja densidad mineral ósea, amenorrea, desequilibrios electrolíticos, bradicardia y problemas cardíacos.
De acuerdo con los datos, la edad de aparición de los trastornos alimentarios se sitúa entre la adolescencia y la edad adulta, y afectan con más frecuencia a las mujeres, sobre todo adolescentes; empero, cada vez hay un mayor porcentaje de hombres que los padecen
A este respecto, los niños y los hombres que luchan contra estos trastornos enfrentan desafíos únicos, incluidos el estigma, los conceptos erróneos y la renuencia a buscar ayuda. Asimismo, aunque pueden presentar trastornos comunes de la alimentación, como la anorexia y la bulimia, algunos pueden desarrollar otras problemáticas, como la dismorfia muscular (denominada también ‘vigorexia’), que se caracteriza por un ejercicio/entrenamiento con pesas excesivo y compulsivo, así como una obsesión por la masa muscular, el tamaño y la delgadez. Las investigaciones al respecto muestran que es más común en niños y hombres que en niñas y mujeres, y que cada vez hay más casos entre los adolescentes varones, muchos de los cuales, reconocen tomar productos para desarrollar la musculatura.
Los trastornos alimentarios se relacionan con diversos problemas psicológicos y con enfermedades físicas importantes. A menudo, se asocian con la depresión, la ansiedad, el consumo y/o abuso de sustancias y con trastornos de la personalidad, así como con enfermedades físicas importantes (por ej., la anorexia se relaciona significativamente con la fibromialgia, el cáncer, la anemia y la osteoporosis, y el trastorno por atracón con la diabetes, la hipertensión, el colesterol alto y los triglicéridos) y, en casos extremos, puede conllevar la muerte -siendo las causas más frecuentes el suicidio o la desnutrición-. De forma específica, la anorexia nerviosa puede llevar a la muerte prematura, a menudo, debido a complicaciones médicas o al suicidio, y su tasa de mortalidad es superior a la de cualquier otro trastorno mental.
Factores de riesgo para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.- La autoestima es una de las variables que guarda más relación con estos trastornos, considerándose como un factor previo, predisponente, y como síntoma posterior de los mismos, por ejemplo, las personas pueden desarrollar una baja autoestima ante los sentimientos de malestar e insatisfacción con el propio aspecto físico. De forma específica, en la adolescencia, variables como la genética, los cambios corporales en la pubertad, el sobrepeso, la obesidad, las dietas restrictivas, la depresión y la baja autoestima, la vulnerabilidad de los/as adolescentes a los ideales de delgadez, la presión social por la delgadez y la insatisfacción con la imagen corporal, pueden elevar el riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria.
El rol clave de la publicidad, los medios de comunicación y de las redes sociales e Internet.- Se considera que los mensajes sociales que promueven un ideal estético de delgadez como «canon de belleza», afectan a la satisfacción corporal de los y las adolescentes y, paralelamente, a su autoestima, influyendo en el desarrollo de estereotipos corporales y convirtiéndose en un factor de riesgo clave. Son múltiples los canales a través de los cuales se trasmite esta presión social para estar delgados/as: desde la publicidad y los medios de comunicación hasta las redes sociales e Internet, en algunos casos, a través de influencers que se erigen como fuente de pautas y sugerencias sobre alimentos, pautas de alimentación y de ejercicio físico para lograr cuerpos ideales. En algunas plataformas han proliferado contenidos relacionados con la nutrición, centrados, principalmente, en el peso, lo que puede fomentar la insatisfacción corporal en adolescentes y jóvenes, que son sus principales usuarios/as y contribuir al desarrollo de trastornos alimentarios, perpetuando y exacerbando sus síntomas.
No obstante, en los últimos tiempos y de forma preocupante, han proliferado en las redes páginas web que promueven y defienden la anorexia y la bulimia como un estilo de vida y que desempeñan un rol clave en la etiología de estos trastornos, especialmente, entre adolescentes. Son espacios virtuales donde los y las adolescentes intercambian ideas sobre su imagen corporal y aspecto físico, mediante un lenguaje propio y usan un diccionario propio con palabras o términos utilizados como sinónimos para pasar desapercibidos a los filtros de contenidos o posibles búsquedas que puedan cerrar sus páginas web y siglas para «engañar» filtros de control parental. Imágenes de mujeres extremadamente delgadas con coronas a modo de simbolismo de «la belleza de aspecto frágil» Las usuarias de 13 a 17 años son particularmente vulnerables a este tipo de sitios web y quienes más los visitan. Uno de los peligros más graves de este tipo de espacios web está en el apartado de consejos para seguir el estilo de vida donde se recogen prácticas nocivas como el ejercicio compensatorio y autoinfligirse dolor (haciéndose cortes en la piel cada vez que piensan en comida para evitar así el hambre o la ansiedad por comer), desinformando de forma incontrolada, y aportando datos erróneos y falsos mitos altamente peligrosos para la salud y para un correcto desarrollo físico y emocional.
La detección temprana de los trastornos de la alimentación es crucial para un tratamiento eficaz. Debe ser integral, culturalmente apropiado y centrado en la persona, realizado a través de un equipo multidisciplinar -conformado por diferentes especialistas (entre ellos/as psicólogos/as clínicos/as)-, y dirigido tanto al/a la paciente como a su entorno sociofamiliar, ajustando la terapia según el nivel de gravedad. Los objetivos principales aquí son la restauración de un peso normal y del estado nutricional previo, el abordaje de las alteraciones orgánicas asociadas, así como conseguir una relación saludable con la comida.
La educación en el contexto familiar desde edades tempranas sobre un uso responsable de las nuevas tecnologías e Internet, así como en el conocimiento de los contenidos web que promueven la anorexia y la bulimia, puede ayudar a las familias a prevenir que sus hijos e hijas accedan a los mismos.
Fuente: INFOCOP