¿Te pasa que ya sabes cuál es tu patrón en las relaciones y, aun así, lo sigues repitiendo?
¿Te preguntas por qué terminas reaccionando de la misma manera incluso con personas diferentes?
¿Por mucho que intentes “controlar” tus respuestas —la complacencia, la ansiedad, la angustia— sientes que pierdes el foco en ti y vuelves a olvidarte?
Si te reconoces aquí, quiero decirte algo importante: no es que no lo entiendas. Es que el cambio que estás intentando hacer no es mental, es corporal.
Aunque hoy tengas claridad sobre tu patrón, aunque sepas lo que “deberías” hacer para mantenerte conectado contigo y con tu energía, hay algo que sigue ocurriendo a nivel más profundo. Tu cuerpo todavía no sabe sostener la incertidumbre y el vacío que aparece cuando pasas de un patrón conocido a uno nuevo. Y ese vacío —aunque sea el umbral hacia algo más sano— se vive como amenaza para el sistema nervioso.
Recuerda esto: el patrón no está afuera. No es lo que el otro hace. El patrón es la respuesta automática que tú sueles tener frente a lo que el otro hace. Ya sea complacer, controlar, protegerte o defenderte, todas esas reacciones nacen de un lugar de carencia y supervivencia. Y mientras sigas desconectado de tu cuerpo y de tu sentir, no podrás dar el salto real de un viejo patrón a uno nuevo.
Es necesario cruzar el puente. El puente hacia la persona que puede mantenerse en sí mism@ mientras se vincula. La persona que deja de preguntarse cuánto le gustó al otro y empieza a preguntarse: ¿cuánto me gusté yo siendo quien soy con esta persona?
Y cuando la versión de ti que aparece deja de gustarte, esa es una señal clara: tu foco se ha ido de ti.
Algo esencial que ayuda a transitar el cambio es el trabajo somático.
Porque la energía no es solo suavidad y compasión; también es contención, presencia y sostén. Ahora puedes aprender a ser tu propio padre/madre y darte el amor que necesitas, antes de embarcarte en una relación buscando desesperadamente este amor fuera de ti.
Es importante reflexionar:
¿Cuánta contención te estás dando a ti mismo en tus relaciones?
¿Te detienes a escuchar lo que pasa dentro de ti y te obsesionas con el otro en lugar de sostener su incomodidad?
El trabajo corporal es clave para soltar un patrón, porque los patrones no viven en la mente, viven en el subconsciente que regula tu sistema nervioso autónomo. Están codificados en la química de tu cuerpo. Por eso relaciones ambiguas generan picos de dopamina y pueden volverse adictivas: activan un circuito conocido, aunque no sea sano. Saltar de un patrón viejo a uno nuevo requiere aprender a sostener esa transición con herramientas somáticas que acompañen al cuerpo a reprogramarse.
Tu sistema nervioso tiene una capacidad enorme de adaptarse, de transformarse, de sostener lo nuevo. Pero necesita elasticidad. Y esa elasticidad no se logra desde la fuerza, sino saliendo del modo supervivencia. La supervivencia genera rigidez, apego a lo conocido, confusión entre amor y sacrificio, permanencia en vínculos donde no recibes lo que sabes que necesitas.
Y trabajar con el cuerpo implica también un trabajo sistémico. Porque en el cuerpo habita la historia relacional con mamá y papá. Muchas veces el mismo movimiento que hicimos de niñ@s —pedir que no se vaya quien nos daba migajas— se repite hoy en la pareja. El cuerpo recuerda. Por eso trabajar el cuerpo es trabajar la historia emocional que vive en él.
Ref.: anaclavellpsicologìa
PSICOLOGA MARIA PILAR FUENTE
CENTROS SANITARIOS BOIRO C15-003650 y RIBEIRA C15-00-4977
TRAUMATERAPIA. TERAPIA FAMILIAR SISTEMICA